…Reinaugurar insularo es un vicio, tradición heredada de episkaia. Como Charlie Brown chutando, esperamos que esta vez Lucy no nos quite el balón. En este último movimiento se me han caído unas entradas, a ver si consigo recuperarlas proximamente…
Esta vez coincide con el aniversario del 15M en España, así que mis compis han empezado a hablar de ello. Edu, por ejemplo, comentaba el post de otro bloguero que, emulando a Baudrillard, decía que “el 15M no existe”. La afirmación podría ser muy provocativa… en los noventa, tal vez. La verdad es que a mí me cansan un poco los analistas políticos que interpretan todo como maniobras estratégicas, los mossos y equivalentes como peones organizaditos y los manifestantes, pobrecicosmíos, siempre de borregos picando en los anzuelos del govierno de turno (por eso me parece más interesante repensar la noción de violencia simbólica).
Porque puede ser violencia ocupar una plaza, pero pretender protegerte de esta ocupación llenándola de pólvora, no es estrategia política sino bélica. Se podía haber liao muy parda…
Es lo que pasa cuando buscas software de simulación social para la gestión de conflictos urbanos en el menú de entretenimiento de Windows. Los estrategas de El Partido han descubierto el buscaminas.
Somos la calle…
Pero por volver a los Brasiles, voy a meterme un poco al hip-hop y otras culturas urbanas. Una clásica de EMICIDA, que francamente, me mola bastante. A rúa é noiz! (letra e video)
La apología de la calle recuerda a las polaridades que usaba DaMatta para hablar de la “Modernidad Inauténtica” de Brasil: individuo/persona, calle/casa… Pero, como comenta muy sabiamente Jessé Souza apoyandose en Charles Taylor, esto no es algo que tenga que restringirse a Brasil (de ahí la canción que abre la peli de Banksy, arriba). Dice Souza:
Para Taylor, esse renascimento e nobilitação do sentimento é um traço marcante da cultura moderna. A vida social moderna contém, portanto, as duas vertentes da configuração moral ocidental, baseada numa noção dúplice de indivíduo: a noção de dignidade generalizável, cujo lugar privilegiado é a economia e o mundo do trabalho, e a noção de autenticidade, que tem no casamento baseado em sentimentos e na constituição de um espaço de intimidade e cumplicidade compartilhada talvez sua objetificação mais importante. A casa e a rua, portanto, dimensões que Da Matta supõe tão brasileiras, são construções sociais que se tornam possíveis apenas no mundo moderno e diferenciado de sociedades complexas e dinâmicas.
En momento presente de modernidad neoliberal (y blablabla), oponiendo CALLE / CASA entendemos el espacio público como el espacio hostil, el espacio del conflicto y la aridez del asfalto, um “território ferrenho” habitado por “urbanoides insanos”. Articulado con otros elementos, como la noche (vs. día) y la mentira y falsedad (vs. los auténticos, los “de fiar”), la calle aparece como el elemento de peligro, frente a la seguridad del hogar, o en su caso, el condominio cercado de muros electrificados y guardas armados. En el caso de São Paulo, Cidade de Muros, esto es aun más agudo que en ciudades como Valencia.
…e nunca vai deixar de ser…
Lo que me interesa del caso de Emicida se relaciona con otras categorías de DaMatta, y una canción que mola si cabe más que la anterior: Triunfo (letra e video):
Aquí la dimensión política del rap parece más explícito, situándonos con violencia en el contexto de desigualdad abismal que carateriza estas estructuras sociales. La autodefición principal del autor parece reflejado en la idea de “embajador de la calle”: “los olvidados se acuerdan de mí porque me acuerdo de los olvidados”. Y hasta ahí todo podría ser tranquilo y comprensible, pero el conflicto aparece cuando el favelado entra en plantilla de la MTV. Porque ahí emipezan a surgir sospechas y recelos, y el raper exitoso va a tener que justificar por qué, para qué y para quién “usa seu triunfo”.
Si volvemos a DaMatta (con mil problemas, aun hay cosas útiles), podemos aprovecharnos de tres categorías interesantes que define como “los tres arquetipos del héroe brasileiro”. No nos interesa ahora el “caxias” (héroe de orden, general del ejército o empresario de éxito), sino la autodefinición ambigua entre el malandro (el de las artimañas, el pícaro) y el renunciador (el que runcia a los bienes del mundo por una causa mayor, por los suyos). El paroxismo del malandro es el bandido aprovechado, el paroxismo del renunciador es el santo iluminado.
En esa pinza de arquetipos se sitúa, no sin problemas, este rapper. Desde el principio ya llegó rechazando la “maldita mentalidad underground”, que bloquearía la difusión del rap (“producido por excluídos, consumido por excluídos”), decepando toda su potencialidad política, necesariamente (?) basada en la introducción de dicursos disidentes en los circuitos hegemónicos (el anterior ? marca mis dudas ante esta hipótesis, pero bueno, para bien o para mal es una hipótesis de trabajo). Esto obliga a movimientos ambiguos: demasiado “éxito comercial” podría leerse desde la comunidad de origen como una “traición de clase” (el rapper sería percibido como un “falso”, transformado por el dinero, etc), pero un posicionamiento demasiado “intransigente” con las exigencias de la industria condenaría el discurso a la “invisibilidad” o la estereotipación perversa.
A rua é quem?
Dice un porfe meu que a los sindicatos, cuando gobierna un partido de izquiera, las bases le exigen ser más cambativos de lo habitual, de lo contrario, parecería que los dirigentes se están vendiendo a un partido “potencialmente aliado”. Pois é. Momentos paradójicos: la industria musical empieza a absorver hip-hop a caudales, y su consumo se extiende hacia las clases media-altas. Emicida aparece en varios programas main-stream (paradigmático; Jô Soares), la fama, las grandes superficies y los platós de masas, los playboys y etcétera etcétera.
Empiezan a aparecer respuestas. Uno de los mejores ejemplos es la del rapper Cabal (c4bal), que hace de la ambiguedad un conflicto personal. El tema Malleus Maleficarum está especialmente bien construido, por una constante serie de intertextualidades con la rimas célebres de Emicida (ver letra), como aquello sobre “quién ya mordió a un perro por comida…”. La hostilidad es demoledora, siempre apuntando a la autenticidad y la traición:
De Rapper revoltado pra músico modinha.
Deve ter notado que seu Clube só tinha…
Respeito porque você era a Rua.
E agora o que o “N” representa? Noiz? Não.
“N” Negócios.
En momentos paradójicos, las ambigûedades generan doble desconfianza, espejos frente a espejos y un pensamiento extremamente polar que no consigue organizar la confusión. De ahí el constante énfasis discursivo en lo auténtico, lo inimitable, lo real: “Só de ver o brilho no meu olho os falso já recua”. La retórica de la autenticidad, en la autodefinición y las acusaciones.
Pessoas irreais, em redes sociais, colocaram você lá no sofá do Jô.
Falso, como disco de camelo.
Plazas Fuertes: invasiones y desalojos
Pero no solo de gestos verbales se nutre está retórica. Cuando el espacio (urbano, peri-urbano, urbanizable) se vuelve elemento tan disputado, los mapeamentos y posicionamentos, a cada lado de las fronteras o cordones policiales, se tornará un gesto vital en esa construcción retórica. (Advierto: empezar a pensar en los simulacros de Baudrillard nos va a dejar en el mismo nivel discursivo que estamos intentando analizar, atrapados por tanto en la falaz polémica entre falsos/auténticos. Me centro, pues, en la construcción de esos discuros -significantes- y no en la transcendencia de los mismos – referentes, significados. Otro debate sería su pertinencia o efectividad…).
Recientemente Emicida lanzaba un clip apoyando a la gente desalojada en Pinheirinho, un tema central en la agenda política nacional. El clip, Dedo na Ferida, volvía a ser bastante polémico y apuntaba directamente a los responsables del desalojo (sobre todo en los videos). Ese mismo rap fue posteriormente interpretado en Belo Horizonte, con un comentario previo del rapper hablando de un problema similar en Eliana Silva (comunidad desalojada que, después de lo ocurrido con Emicida, empieza a ser famosa). Atiende a lo que dice:
El caso es que las declaraciones fueron algo “malinterpretadas” y al terminar el show, los Policias Militares se llevaron al rapper andandito a la delegacía. Como la pólvora y los #hashtags, la noticia corre en twitter y en pocos minutos tenemos TTWorldWide. No sé que efecto tuvo esta repercusión, per el caso es que el rapper tampoco estuvo mucho tiempo detenido, ni sabemos hasta donde irá el proceso. Pero en fin, se entiende que estos gestos deben ser leídos en la pinza arquetípica de la que hablábamos antes.
La plaza de la pólvora
Y por terminar volviendo a Valencia: qué pretendían los invasores metiéndose entre los masclets? Mantener viva “la marca #15M”, o aprovecharse de un nuevo “evento 15M” (Zonas Autónomas Temporales) para ejecutar un nuevo gesto, devolver la violencia simbólica que normalmente se hubieran tenido que tragar? y quién corrió los riesgos?
…de la efectividad de los gestos, la significación de los espacios, y la violencia eterna…
Por cierto!!! Hablando de hip-hop y Valencia, tengo que recomendaros el último disco de BARRAQUES SUD SISTEMA: Abans que s’acabe el món. De Malijah al apocalipsis! Baixeu, baixeu, que el món s’acaba!








